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La Coctelera

El Cosmonauta Paquito

Todo lo que se ve desde la Vostok 1

23 Febrero 2006

Cuestión de fe (3)

El padre Rafael dijo que no siguiéramos el ejemplo de Romero, si no queríamos convertirnos en seres abyectos. La clase quedó muda más por ignorancia que por miedo. Al día siguiente Romero no vino, ni nunca más. El padre Rafael le había pillado haciendo la mosca y le había golpeado y pateado en el suelo. Parecía que le golpeaban tres a la vez. Gracias a eso entendimos lo de la santísima trinidad.

Unos años después, formamos un grupo y dimos un concierto en el colegio. Fue un fracaso. Recogimos y discutíamos sobre el nombre de nuestro grupo cuando oímos que alguien tocaba dentro. Nos asomamos por la ventana y vimos al padre Rafael. Estuvimos mirando un buen rato pensando todos lo mismo, mientras él golpeaba ausente e infantil el teclado, la guitarra y el bombo, en el que habíamos rotulado nuestro nombre: "Los Abyectos".

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23 Febrero 2006

Cuestión de fe (2): así intenté matar al Papa

Mi hijo ha salido preocupado del colegio. Les han contado que la avalancha de Filipinas ha sepultado un colegio con más de doscientos escolares y cuarenta profesores. Mi hijo prefiere pensar que ahora juegan en el patio cubiertos por un firmamento de chocolate, como hacemos nosotros con una linterna, debajo del edredón.

Marcinkus también ha muerto. Causó un agujero de 1400 millones de dólares que sacó del Vaticano para luchar contra el comunismo y vete a saber tú contra qué más. La Justicia italiana se cansó de reclamar al Papá su entrega para juzgarlo, pero Juan Pablo II se negó. Quizá explicó la corrupción del cardenal financiero con el mismo argumento que se explica la santísima trinidad. El caso es que Marcinkus terminó retirado en EE UU jugando plácidamente al golf hasta anteayer, que se murió. Me pregunto si habrá hecho acto de contricción. El Papa sí lo hizo, o simplemente cambió su pecado por el de Ali Agca.

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22 Febrero 2006

Cuestión de fe

Cuando se despierta, viene a ocupar ese extremo del colchón. Se lo ha ganado dedo a dedo y sábado a sábado en estos siete años. Los cincuenta minutos más alegres del sueño. Después, gira su cabeza y me dice: me quiero despertar; como si ese momento formara parte todavía del sueño. El último sábado recorrió el mismo camino, pero se quedó callado y con la mirada puesta en un rincón de la habitación, dibujando algo con el dedo en el filo de la mesilla. Luego, se giró y me preguntó: Papá, ¿tú por qué no crees en Dios?

-Verás, hijo, digamos que Dios y yo no nos entendemos porque somos incapaces de compartir una dialéctica. Ayer mismo tuvimos una acalorada discusión por Marzinkus.

- ¿Quién es Marzinkus?

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16 Febrero 2006

El PP también censura caricaturas

Xavi Castillo es como aquellos cómicos transhumantes que divertían las noches de las plazas en los pueblos. Se dedica a hacer caricaturas en el papel y en el escenario.

Últimamente no le va muy bien. Y no en cuanto a éxito artístico, sino a éxito político, por esa costumbre suya de hacer caricatura de lo que no se debe: y no estoy hablando de Mahoma, sino del Papa, de Rita Barberà o de Eduardo Zaplana. A llgunos políticos del PP les molesta que esta gente de extramuros como Xavi vengan a emprenyar a las puertas de las casas de la gente de orden. Hay algunas cosas sagradas, y hay que respetarlas, sobre todo cuando son las suyas.

El caso es que Xavi hacía una imitación del Papa Juan Pablo II y a algunos concejales del PP no les ha hecho gracia. Pudimos asistir al penoso show de un concejal quejándose de la imitación, imitando él a su vez a los peores imanes integristas. Se han permitido el lujo, además, de vetarlo en sus respectivos pueblos, y presionar al circuito de Diputación de Valencia para que no sea contratado, ni siquiera la más candorosa obra infantil.

Pero la cosa no acaba ahí. El colmo es que la Generalitat Valenciana puede que haya cometido un delito contra la propiedad intelectual, puesto que han practicado una transformación de su obra plástica (el cartel de la función) sin consentimiento del autor, cercenando ciertas partes del cartel porque no les gustaba. Para situarnos, el cartel es una composición a modo de viñeta, donde se representa en tono humorístico y con el código del cómic las Torres de Serrano, el escudo de la Generalitat y la Dama de Elche, entre otras cosas reconocibles, pero no constatables, como un personaje apodado "El Malo", cuyo parecido con Eduardo Zaplana es tan grande como el talento de Xavi para caricaturizarlo.

Muy torpes deben ser en Teatres de la Generalitat cuando no saben que la modificación de ese cartel no es sólo un acto de censura, sino que la reproducción y/o la modificación de la obra artística sin el permiso efectivo del autor es, con la Ley de propiedad Intelectual en la mano, un delito.

Un delito porque atenta contra el derecho que tiene el autor de exigir el respeto a la integridad de la obra e impedir cualquier deformación, modificación, alteración o atentado contra ella que suponga perjuicio a sus legítimos intereses o menoscabo a su reputación. Ley de Propiedad Intelectual, Libro I, Capítulo III, Sección primera, artículo 14, punto 4.

Se ha dicho que el propio director de la sala (curiosamente director de una compañía aficionada y autor) es el que envió el cartel a una supuesta comisión para la censura de Presidencia y desde allí fue ordenada la transformación del cartel. Roma no paga a traidores, así que este director un día será destituído. Supongo que ya tendrá pensado dedicarse entonces a la gimnasia rítmica.

Los valencianos debemos exigir el respeto de todas nuestras creencias, como el respeto a la libertad de expresión. Estas cuestiones están llenas de términos medios.

Donde no hay términos medios es en el cumplimiento de la ley, exigible para todos, incluido Teatres de la Generalitat. Lo peor es que nos quejamos de los musulmanes y no sabemos que ni siquiera el Rey de España puede ordenar la transformación de una obra plástica. El delito no es la censura, sino el ataque a la propiedad, la censura es el efecto.

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15 Febrero 2006

Integrismo y provocaciones. Secretos de confesión.

Termino de leer el fragmento que aparece en El País de la reflexión de Gonzalo Gironés, ex sacerdote, ex catedrático. Cada vez que leo una de estas santas opiniones, me acuerdo de los recortables de mi hermana: si quitamos el nombre del sacerdote jubilado y le ponemos el de un imán de una comunidad musulmana o el de un rabino ortodoxo, importa lo mismo.

"Las mujeres provocan con su lengua", parecen versos del corán, o del antiguo testamento. Imagino que la frase es el efecto de un sueño de Gironés, donde Eva provoca a Adán y la mujer se transmuta en serpiente, y el bocado de la manzana es el bocado letal del reptil en la garganta del hombre.

Me pregunto de dónde sacará Gironés esas conclusiones. No está casado. ¿Quizá de su experiencia familiar? ¿De lo que cuentan sus parroquianos? ¿Se debe quizá a su labor de ímprobo lector de textos religiosos? ¿Quizá a Gironés, como a Don Quijote, se le ha nublado el entendimiento de leer esos textos? ¿Es que su vejez mental le ha retrotraído a los antiguos discursos de los mentores del seminario? ¿Se debe quizá a secretos de confesión?

Me imagino a Gironés despertando por las noches por el mismo sueño, viendo a Eva desnuda aproximándose sinuosa y provocadora a Adán, ofreciéndole la manzana. Me imagino a Gironés dirigiéndose a su parroquia cada mañana, cruzándose con voluptuosas hembras que atraviesan la calle y le saludan. Me imagino a Gironés escuchando a hombres en su confesionario cada domingo, hombres confesando su violencia contra sus esposas. Imagino a Gironés consolando, absolviendo, atenuando a esos hombres, previniéndolos de la perversión del género femenino, de su asociación con el diablo para nublar sus mentes. Imagino a Gironés y su mano sobre el cogote hirsuto de cada hombre, comprendiendo que ellos no tengan más remedio que explotar como hombres, descargar su ira, su agresividad sobre la serpiente, pisoteándola, dejándola en el suelo de la cocina inerte y deslenguada.

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2 Febrero 2006

Llamadas

Si la llamada era de mi padre, teníamos sólo una certeza: había tocado tierra. En ese momento, mi madre lo dejaba todo y se sentaba ante la mesa de la cocina, pegada a la pared, bajo el cable del supletorio. Apenas hablaban de nada importante, era un boletín muy soso leído en bata de guata. A mí me gustaba mirarla y encender cerillas, y me gustaba sobre todo cuando metía la mano en el bolsillo, sacaba una pareja de pendientes, se los colocaba; volvía a meter la mano, sacaba un pintalabios rojo, se pintaba en dos únicas pinceladas. De pronto, el diálogo se elevaba, parecía que por fin mi madre se había colado por el cable y estaba abrazada a mi padre en una cabina de la Barceloneta o de Santa Cruz. Así, hasta que mi padre se quedaba sin monedas. Él siempre prefería que se cortara la comunicación que tener que despedirse. Mi madre colgaba entonces, guardaba los pendientes, guardaba el pintalabios. Y mientras mi padre se encerraba en el camarote y mi madre en el cuarto de baño, yo miraba mi cuaderno y pensaba: qué absurdo, a papá nunca le ha gustado que mamá se pinte.

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13 Diciembre 2005

Salta el muro de Melilla, pero hazlo con estilo


Cuando escuché el precio del par de zapatillas me escandalicé. Pensé que si uno se compra un par de zapatillas como ésas, tiene la obligación de batir un record mundial de salto de altura o de velocidad, como poco. Es como si un científico adquiere un microscopio por 1millón de euros: debe exigirse a sí mismo conseguir en un breve plazo una vacuna contra una enfermedad incurable. O como si un banquero se regala un banco por 1500 millones: debe poner su esfuerzo en erradicar el hambre en una basta región africana, siendo humilde. Y es ahí cuando la noticia me aclara que la idea se le ocurrió a una artista argentina afincada en Tijuana (la Melilla mexicana, para entendernos), Judy Werthein. Fabricó unas zapatillas no high-tech, no fashion, sino unas deportivas para ayudar a los espaldas mojadas a trasladarse en el trayecto entre su país y los USA. Las llamó las Brinco Shoes.

La artista aclara que son artwork (no debe traducirse literalmente), es decir, no es un objeto comercial. Y vende a 215$ los 250 pares, la mitad de la producción, puesto que la otra mitad ya está repartida completamente gratis entre los que esperaban dar el salto al otro lado.

Por un momento me imaginé qué pasaría si un armador de embarcaciones de recreo fabricara 250 yates y los comercializara a 2 millones de euros a nuestro lado de la frontera, y pusiera otros tantos a disposición de los subsaharianos en la costa marroquí totalmente gratis. Si fuera así, nadie haría preguntas incómodas a sus viajeros accidentales. Los inmigrantes saldrían de la embarcación mientras la tripulación amarra el yate en el puerto deportivo y los turistas se colocan sus gafas de sol en la frente para admirar con claridad y envidia las embarcaciones, el lujo de su mobiliario, y el atractivo irresistible de su eslora imponente sobre el muelle.

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18 Octubre 2005

Sexo y marihuana en Toronto

El nombre del autor es tan difícil de pronunciar como cualquier palabra si tienes un par de hebras de tabaco en la boca. David Bezmozgis. Este canadiense de nacimiento lituano se llevó de calle a la crítica el invierno pasado cuando salió a la luz su Natasha And Other Stories, Natasha en la versión traducida de Destino.

El libro es la suma de historias independientes con ánimo de novela de adolescente. Tiene relatos buenos y lo protagoniza un alter ego de David Bezmogis, un niño que, como él, viaja a Toronto con su familia rusa para establecerse en la sociedad capitalista.

Ofrece esa sensación de que uno es pobre en Moscú como en Toronto. Que uno es pobre y punto. Natasha es el retrato de familia soviética sacando la vida adelante en el capitalismo canadiense, pero también lo es de la paquistaní en Manchester o de la española en Colonia. Ahora, de la ecuatoriana en Madrid. Arranca con un buen relato, se mantiene con buen pulso en los siguientes.

El libro tiene momentos estelares con el inicial Tapka, también con Natasha, donde un pasivo postadolescente recibe las primeras bofetadas sexuales de una quiceañera aspirante a prostututa de lujo o actriz porno (alguien podrá recordar por un momento Lolita, de Nabokov), y con el del levantador de pesas vencido (una metáfora del poder, de la corrupción y quizá del final del comunismo made in Russia). El libro no tiene final; mejor dicho: el final del libro se confunde con la vida real, porque uno no deja de pensar que aquello es un libro autobiográfico que comienza en la miseria y termina en el éxito. Berman se transmuta en Bezmozgis en cuanto éste firma con su editor canadiense.

David Bezmozgis era un desconocido hace un año. La crítica norteamericana ha saludado el libro de Bezmozgis como sólo ellos saben saludar y apoyar a los aspirantes, le han otorgado el laurel de mejor rookie del año por su libro de relatos desde sus primeros combates en The New Yorker y Harper's. Empiezan a medirlo con los grandes, pero toda carrera de escritor es como la de un boxeador: dará golpes al aire y conectará otros directos al mentón del lector. Lo demás es una incógnita. Si no, que le pregunten a Ringo Bonavena.

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