Deletrear
Justo en el momento en que voy a insertar la tarjeta en la salida del parking recibo su llamada, así que sigo la marcha y me quedo dentro. Ante la reacción, un guarda de seguridad se acerca tímidamente a mi coche. Quizá no funciona el lector de tarjetas, o quizá planeo colocar una mochila en el centro comercial. Podría haber una relación de causa y efecto entre una y otra.
Pero no es eso, es mi hijo, que me devuelve la llamada. Me llama desde casa de su abuela y me cuenta que en clase han estado jugando a deletrear. Siempre me he gustado ese juego y parece que a él tambien. Me dice que la maestra no le ha designado a él para deletrear ninguna palabra, así que le propongo que nos lanzamos mutuamente palabras para arrancarles las plumas. Él me propone la primera: ventana. La corto en trocitos y le entrego otra: frontera. Y así vamos intercambiándonos palabras, mientras anochece en casa de la abuela y los coches abandonan el parking. Desgranamos las palabras y, cada vez que lo hacemos, me doy cuenta que cada vez que las deletreamos explotan, como el maiz. Y así, mientras él me propone abrazo, nube, arena y yo le propongo emergencia, partida, horizonte, me ahogo en palomitas en el coche.





Antonietta Simone Tuozzolo dijo
Parece un juego divertido... pero tal vez debas subir el tono de inocencia a tus palabras. Créeme que será mejor que tú entres en el mundo de tu hijo, no él en el tuyo. El mundo de la gente grande siempre es más aburrido que el de los niños! =) Saludos.
3 Marzo 2007 | 09:18 PM