Cuestión de fe (3)
El padre Rafael dijo que no siguiéramos el ejemplo de Romero, si no queríamos convertirnos en seres abyectos. La clase quedó muda más por ignorancia que por miedo. Al día siguiente Romero no vino, ni nunca más. El padre Rafael le había pillado haciendo la mosca y le había golpeado y pateado en el suelo. Parecía que le golpeaban tres a la vez. Gracias a eso entendimos lo de la santísima trinidad.
Unos años después, formamos un grupo y dimos un concierto en el colegio. Fue un fracaso. Recogimos y discutíamos sobre el nombre de nuestro grupo cuando oímos que alguien tocaba dentro. Nos asomamos por la ventana y vimos al padre Rafael. Estuvimos mirando un buen rato pensando todos lo mismo, mientras él golpeaba ausente e infantil el teclado, la guitarra y el bombo, en el que habíamos rotulado nuestro nombre: "Los Abyectos".



