Categoría: Cuaderno
4 Mayo 2006
Justo en el momento en que voy a insertar la tarjeta en la salida del parking recibo su llamada, así que sigo la marcha y me quedo dentro. Ante la reacción, un guarda de seguridad se acerca tímidamente a mi coche. Quizá no funciona el lector de tarjetas, o quizá planeo colocar una mochila en el centro comercial. Podría haber una relación de causa y efecto entre una y otra.
Pero no es eso, es mi hijo, que me devuelve la llamada. Me llama desde casa de su abuela y me cuenta que en clase han estado jugando a deletrear. Siempre me he gustado ese juego y parece que a él tambien. Me dice que la maestra no le ha designado a él para deletrear ninguna palabra, así que le propongo que nos lanzamos mutuamente palabras para arrancarles las plumas. Él me propone la primera: ventana. La corto en trocitos y le entrego otra: frontera. Y así vamos intercambiándonos palabras, mientras anochece en casa de la abuela y los coches abandonan el parking. Desgranamos las palabras y, cada vez que lo hacemos, me doy cuenta que cada vez que las deletreamos explotan, como el maiz. Y así, mientras él me propone abrazo, nube, arena y yo le propongo emergencia, partida, horizonte, me ahogo en palomitas en el coche.
servido por cosmonautapaquito
1 comentario
compártelo
3 Marzo 2006
No puedo decir que los primeros años del milenio fueran los mejores de mi carrera. No me respetaron las lesiones. Estuve a punto de colgar las botas por una rotura de ligamentos cruzados de la rodilla emotiva, pero luego me encontré con Ángela.
En las peores tardes de rehabilitación, bajo una lluvia cobarde pero pertinaz, escuchaba los cuentos que Millás ponía de los oyentes. Era como ver fotogramas coloreados en la puerta de un cine. Esas tardes las pasaba en mi coche, al margen de la carretera, y a veces, al margen de todo. Pero este viernes pasado recibí un regalo de cumpleaños por adelantado: desde ahora pertenezco a la comunidad Millás. Envié a su programa un par de fotogramas y los colgó con chinchetas en su espacio La ventana de Millás.
De camino a la escuela de mi hijo, escuché a Millás leyéndolos con esa cadencia de caramelo de feria y me sentí feliz como mi hijo con su sobre de cromos, como James Stewart corriendo sobre la nieve en Qué bello es vivir. De modo que he convertido a Millás en un miembro destacado de mi flota:

Os facilito la dirección donde podéis leerlo: Cadena Ser. Nota: esta semana Millás encargó escribir sobre los ácaros.
servido por cosmonautapaquito
3 comentarios
compártelo
23 Febrero 2006
El padre Rafael dijo que no siguiéramos el ejemplo de Romero, si no queríamos convertirnos en seres abyectos. La clase quedó muda más por ignorancia que por miedo. Al día siguiente Romero no vino, ni nunca más. El padre Rafael le había pillado haciendo la mosca y le había golpeado y pateado en el suelo. Parecía que le golpeaban tres a la vez. Gracias a eso entendimos lo de la santísima trinidad.
Unos años después, formamos un grupo y dimos un concierto en el colegio. Fue un fracaso. Recogimos y discutíamos sobre el nombre de nuestro grupo cuando oímos que alguien tocaba dentro. Nos asomamos por la ventana y vimos al padre Rafael. Estuvimos mirando un buen rato pensando todos lo mismo, mientras él golpeaba ausente e infantil el teclado, la guitarra y el bombo, en el que habíamos rotulado nuestro nombre: "Los Abyectos".
servido por cosmonautapaquito
sin comentarios
compártelo
15 Febrero 2006
Termino de leer el fragmento que aparece en El País de la reflexión de Gonzalo Gironés, ex sacerdote, ex catedrático. Cada vez que leo una de estas santas opiniones, me acuerdo de los recortables de mi hermana: si quitamos el nombre del sacerdote jubilado y le ponemos el de un imán de una comunidad musulmana o el de un rabino ortodoxo, importa lo mismo.
"Las mujeres provocan con su lengua", parecen versos del corán, o del antiguo testamento. Imagino que la frase es el efecto de un sueño de Gironés, donde Eva provoca a Adán y la mujer se transmuta en serpiente, y el bocado de la manzana es el bocado letal del reptil en la garganta del hombre.
Me pregunto de dónde sacará Gironés esas conclusiones. No está casado. ¿Quizá de su experiencia familiar? ¿De lo que cuentan sus parroquianos? ¿Se debe quizá a su labor de ímprobo lector de textos religiosos? ¿Quizá a Gironés, como a Don Quijote, se le ha nublado el entendimiento de leer esos textos? ¿Es que su vejez mental le ha retrotraído a los antiguos discursos de los mentores del seminario? ¿Se debe quizá a secretos de confesión?
Me imagino a Gironés despertando por las noches por el mismo sueño, viendo a Eva desnuda aproximándose sinuosa y provocadora a Adán, ofreciéndole la manzana. Me imagino a Gironés dirigiéndose a su parroquia cada mañana, cruzándose con voluptuosas hembras que atraviesan la calle y le saludan. Me imagino a Gironés escuchando a hombres en su confesionario cada domingo, hombres confesando su violencia contra sus esposas. Imagino a Gironés consolando, absolviendo, atenuando a esos hombres, previniéndolos de la perversión del género femenino, de su asociación con el diablo para nublar sus mentes. Imagino a Gironés y su mano sobre el cogote hirsuto de cada hombre, comprendiendo que ellos no tengan más remedio que explotar como hombres, descargar su ira, su agresividad sobre la serpiente, pisoteándola, dejándola en el suelo de la cocina inerte y deslenguada.
servido por cosmonautapaquito
sin comentarios
compártelo
2 Febrero 2006
Si la llamada era de mi padre, teníamos sólo una certeza: había tocado tierra. En ese momento, mi madre lo dejaba todo y se sentaba ante la mesa de la cocina, pegada a la pared, bajo el cable del supletorio. Apenas hablaban de nada importante, era un boletín muy soso leído en bata de guata. A mí me gustaba mirarla y encender cerillas, y me gustaba sobre todo cuando metía la mano en el bolsillo, sacaba una pareja de pendientes, se los colocaba; volvía a meter la mano, sacaba un pintalabios rojo, se pintaba en dos únicas pinceladas. De pronto, el diálogo se elevaba, parecía que por fin mi madre se había colado por el cable y estaba abrazada a mi padre en una cabina de la Barceloneta o de Santa Cruz. Así, hasta que mi padre se quedaba sin monedas. Él siempre prefería que se cortara la comunicación que tener que despedirse. Mi madre colgaba entonces, guardaba los pendientes, guardaba el pintalabios. Y mientras mi padre se encerraba en el camarote y mi madre en el cuarto de baño, yo miraba mi cuaderno y pensaba: qué absurdo, a papá nunca le ha gustado que mamá se pinte.
servido por cosmonautapaquito
sin comentarios
compártelo
5 Octubre 2005
Aunque lo disimulen, mi familia hace tiempo que se formó una opinión de mí: creen que no ando bien de la cabeza. Eso se debe, sin duda, a mi afición por los actos extraños, como usar piedra pómez como esponja de baño o cloro de piscina como fijador. Y no habrían cambiado su opinión lo más mínimo si me hubieran visto ayer conduciendo camino Madrid, cantando el himno de artillería y llevando el compás como un director de orquesta de pueblo. Ni ellos, ni cualquier vecino de Hoya Gonzalo (Albacete).
Nosotros éramos como 10 hermanos porque a mi tío se le ocurrió la original idea de casarse con la hermana de la mujer de mi padre. Por tanto, mientras mi padre se dedicaba a surcar los mares atlánticos, era él quien criaba a hijos y sobrinos en una casa en el campo con una mujer, una cuñada, una abuela y un cuarto donde guardábamos los melones.
Mi tío era entonces capitán de artillería. No sé por qué ayer, en esa franja de La mancha donde sólo se oyen los clásicos de Radio Nacional, me arranqué a cantar el himno de artillería. Quizá a mi tío se le ocurrió que lo aprendiéramos para que no le diéramos el coñazo mientras conducía.
Recordé entonces que cuando lo cantábamos, los cuatro chicos nos quedábamos mirando a mi hermano menor porque él, a la altura de cierto verso, siempre cambiaba una nota, y la cambiaba por la nota más horrible jamás cantada. Al final, nos aficionamos a cantar el himno sólo con el fin de reírnos como borricos cuando llegara ese momento. Y recuerdo la cara de mi hermano, mirándonos incrédulo, pensando en qué poco gusto musical teníamos el resto.
Esta mañana he abierto el correo. Tenía un mensaje de mi hermano con un archivo adjunto. No me lo podía creer: me enviaba un mp3 del himno de los artilleros.
De niños, terminábamos con dos lagrimones de risa cuando le oíamos desafinar en ese verso que decía “Como la madre/ que al niño le canta/ la canción de cuna/ que le dormirá." Ayer yo también terminé con dos lagrimones que no se evaporaron hasta la entrada de Madrid por O'Donnell. No eran de risa.
servido por cosmonautapaquito
1 comentario
compártelo
30 Septiembre 2005
En esos últimos días de julio, si al abuelo Manolo le hubieran dado la oportunidad de pedir un deseo, sin duda habría pedido que el 30 de julio se convirtiera indefinidamente en 30 de julio del año anterior.
Volver siempre al último verano. Imagino al abuelo Manolo sentado en el sillón, mirando tras la ventana la bruma que no le deja ver el puerto. Imagino al abuelo Manolo cruzando la habitación, mirando por la otra ventana, la que da al lado sur, pensando cómo es posible que hayan pasado tan rápidamente los últimos 70 veranos. Pero el abuelo Manolo era perfectamente consciente de que no se cumplen los deseos que quebrantan cualquier ley de vida.
Aquella noche sonó el teléfono. Mi hijo me dijo que el abuelo se había ido al cielo. Volví a oír su voz: me preguntaba que por qué me había quedado tanto rato en silencio. Su madre le había consolado diciéndole que podría encontrar al abuelo en la estrella que más brillara.
Algunas noches mi hijo se angustia porque no consigue distinguir esa estrella. Yo estoy al otro lado del teléfono y le digo que no se preocupe, que yo sí la veo desde donde estoy. Siempre la veo. Y que le diré cualquier cosa de su parte cuando quiera.
Ahora, cuando pienso en el abuelo Manolo, por lo menos me consuela que él sabe la verdad.
servido por cosmonautapaquito
sin comentarios
compártelo
22 Julio 2005

Mi tío abuelo murió en un campo de concentración. Había decidido que luchar para Franco no entraba en sus planes, así que decidió traspasar la frontera con Francia y llegó a uno de los campos de refugiados que los franceses habían dispuesto en las playas del sur de Francia ante la ocupación franquista de Cataluña.
Existe una foto. La vi cuando yo tenía más o menos la edad que él representa en esa foto. Mi tío abuelo está apoyado en una alambrada, sosteniendo entre los dedos un cigarrillo encendido, con una sonrisa de estudio.
Cuando Hitler invadió Francia, le preguntó a Franco qué hacía con aquellos españoles. Al parecer, Franco no consideró siquiera firmar sus penas de muerte, de modo que Hitler los invitó a mudarse a los campos de concentración de Austria o Polonia.
Mi tío abuelo recorrió un camino que comienza en La Línea de la Concepción (Cádiz) y termina en Gusen, (Austria). Fue uno de los primeros en un campo de concentración que tenía como fin último levantar Mauthausen. Y después, la nada. Cada día caminaba varios kilómetros hasta una cantera donde trabajaba de sol a sol. Allí, veía morir a sus compañeros despeñados por el barranco por los soldados nazis. Nada más se supo de él.
Años después, el cartero les dejó un sobre en casa de su familia. Un pequeño documento en su interior informaba que mi tío abuelo, Antonio Llovet Ocaña, estaba enterrado en una fosa común en un campo de concentración nazi, Mauthausen.
Desde la huída a Francia, su familia había tenido la esperanza de que habría conseguido sobrevivir, y de que se habría unido al frente para liberar París. Soñaban con que fuera una de esas figuras que aparecían en las fotos de los diarios parisinos levantando la bandera tricolor, bebiendo champán o besando a jóvenes francesas. Soñaban con que, firmada la paz, regresaría a La Línea para hablarles del barrio de Saint Michel o de la vista de París desde la iglesia de Saint Sulpice.
65 años después he encontrado una página que dice dónde y cuándo murió mi tío abuelo: una lista de defunciones en el campo de concentración de Gusen. Es lo único que nosotros, gente que nunca pudo conocer, familia que nunca adivinó que tendría, sabemos de él.
Antonio LLovet, 1910-1941
servido por cosmonautapaquito
17 comentarios
compártelo